La arquitectura como disciplina, por Diego Valadez

¡Buenas tardes! Aquí les dejamos un artículo escrito por Diego Valadez, uno de los miembros del proyecto publicado inicialmente en la revista digital “La Hoja de Arena” del mes de junio. En éste, se refleja una postura que hemos encontrado sumamente interesante para el desarrollo de la serie de videos ya que trata sobre la arquitectura y su comunicación, así como de la atemporalidad de la misma. ¡Esperamos lo disfruten!

 

 

 

 

La arquitectura como disciplina

La arquitectura es una disciplina compleja debido a la cantidad de factores que se deben de tomar a consideración al desarrollar un proyecto. Ésta debe de pensarse como el conjunto de disciplinas que, al conjugarse, añaden una cantidad importante de variables haciéndola una profesión multidisciplinaria. Al momento de enfrentarse con el diseño arquitectónico es necesario considerar los aspectos urbanos, antropológicos, sociológicos y plásticos, por mencionar algunos. Si el diseñador no logra percatarse, vislumbrar y plasmar la gama de factores involucrados, el resultado final reflejará dichas carencias.

Esto a mi parecer resulta de suma importancia considerando el papel primordial que juega la disciplina en la vida diaria de sus usuarios. La arquitectura tiene la capacidad de dotar de calidad las actividades que alberga al ser habitada.

No hay que olvidar que el hombre interactúa  de manera cotidiana con los espacios en los que habita. Por más simple u obvio que parezca, es necesario percatarse de que interactuar  implica un diálogo constante; un intercambio de información que, en el caso del espacio y el usuario, es un diálogo que se presenta de manera sensorial. Por medio del intercambio de estímulos y privaciones que se tienden a través de los sentidos. Antes de interpretar un edificio, el hombre lo percibe con el cuerpo, de manera sensorial. Tacto, oído, vista… Habitar implica que se lleve a cabo dicha dinámica interactiva, entre el usuario y el espacio, de manera reiterada y constante, es decir, en la escala temporal.

Del lenguaje de la arquitectura

El lenguaje de la arquitectura se establece como uno propio que hace uso de los elementos que la conforman: muros, vanos, patios y pórticos por mencionar algunos. De manera similar, la manera en la que dicho lenguaje se estructura es similar a la de un idioma: letras, palabras, oraciones, y párrafos.

Al hacer uso de estos elementos, es necesario percatarse de la manera en la que se disponen en relación del uno con el otro: oraciones y conjugaciones, prosas o poemas. Saber poner en relación los elementos que la conforman como se moldea el espacio, o mejor dicho, se compone.

Al poner en relación los elementos y componerlos, es importante tomar en consideración a los factores naturales que el sitio brinda, aprovechándolos como herramientas que forman parte de la sinfonía. La luz, el sonido, las sombras, la temperatura e incluso el olor son herramientas de composición.

Al conjugar y componer los elementos se crean atmósferas. Éstas son el conjunto de ánimos y sensaciones que el espacio provoca a manera de imagen literaria, llegando a influir de manera determinante en la experiencia del habitante, comunicándose directamente a quienes lo experimentan. La atmósfera, en ocasiones, trasciende las barreras de la envolvente para verse reflejadas en su contexto.

Plasmar atmósferas requiere de un ejercicio de introspección por parte del diseñador. Reflexión y análisis de las memorias y experiencias personales e íntimas. Éste conjunto de sensaciones pueden ser posteriormente vertidas en el espacio, provocando así un diálogo entre los sentidos y el espacio.

Las atmósferas, a su vez, se entretejen por la manera en la que se guía al habitante a través del espacio. Es decir, a partir de los recorridos y trayectos que el objeto arquitectónico provoca o inhibe. En palabras del arquitecto Carlos Mijares: “tránsitos y demoras”. Los recorridos dirigen las transiciones de un espacio a otro, mediando las tensiones e interacciones entre los espacios interiores y, eventualmente, conjugando al espacio interior con el exterior.

De los elementos y su composición

Para componer la arquitectura considero necesario tomar en cuenta dos conceptos fundamentales: la tectónica y la estereotomía.

La tectónica puede entenderse como el arte de ensamblar los elementos. Proviene del griego tektonreferente a carpintero o constructor. El término hace referencia a la manera en la que las unidades que conforman al sistema estructural se intersectan: juntas, ensambles, amarres, apoyos o entretejidos de los elementos que se articulan para formar un todo; un objeto arquitectónico.

Por otro lado, la estereotomía se entiende como la relación entre el objeto arquitectónico y el suelo. Proviene del griego stereos, que hace referencia lo sólido. El término expresa la manera en la que se desplanta el edificio: a la forma en la que el peso se transmite de manera continua por medio de la fuerza de gravedad y consecuente compresión al suelo. Plataformas y taludes. Ligereza y masividad.

El valor artístico de un objeto arquitectónico es determinado precisamente por la manera en la que se integran, articulan y conjugan los componentes que forman parte del lenguaje arquitectónico, desde los más simples hasta los más complejos, así como su relación con el sitio y con el contexto, todo lo cual se ve reflejado finalmente en la experiencia del ser en el espacio.

El oficio y la globalización. La atemporalidad de la arquitectura

La internacionalización y consecuente estandarización de los medios de producción y la importación de recetas son, a mi parecer, unos de los retos más grandes que el siglo XXI impone. Lograr hacer una “buena” arquitectura es un reto que solamente puede lograrse si se toman en consideración las condiciones físicas y humanas del sitio, por una parte, pero también la manera en la que éstos se inician mediante la sabia selección de sistemas constructivos, materiales y procedimientos. Asimismo, las relaciones sociales que emanan de la actividad productiva son determinantes en el uso y apropiación de los espacios diseñados. De esta forma, el cómo se hace resulta igual de importante que el qué. No basta con tener buenas intenciones, es igualmente importante saber llevarlas a cabo.

El uso y aprovechamiento de cuerpos de agua, ventilación, incidencia solar, la consideración y aprecio por la cultura local, la economía, la estructura social, la mano de obra empleada, y el uso y aprovechamiento de tecnología local, entre otros factores, son condiciones que logran que la arquitectura forme parte de su contexto tanto físico como social, fomentando así la identidad social y espacial.

Cuando un edificio expresa nociones que trascienden la simple utilidad, entendiendo a ésta como su fin principal, puede lograrse incursionar en los valores que éste ha de expresar. Dichos valores deben ser, como se mencionó anteriormente, el reflejo del entendimiento del contexto, de las dinámicas sociales, pero sobre todo, de la cultura y el lugar en el que sitúa. Una vez que se conquistan dichas metas, el edificio pareciera pertenecer a aquel espacio-tiempo donde es construido. Promoviendo desde el diseño y la construcción el sentido de pertenencia, el edificio logrará trascender como testigo de su época.

Un edificio se vuelve atemporal una vez que, a pesar del paso del tiempo, la sociedad le sigue encontrando valor y significado. Es por lo tanto a partir de la revaloración incipiente de éstos dos factores, que un edificio puede transformarse y sobrevivir el paso del tiempo, albergando y adaptándose a nuevas funciones y usos que la sociedad le brinde.

Esto, a la vez, implica que la arquitectura debe de ser, por un lado, local y lograr mantener un equilibrio con su entorno y, por otro, contar con una calidad que le permita envejecer con dignidad. Un objetivo del diseño debe de ser que los materiales que conforman al edificio logren expresar el acontecer del tiempo para que así logren adquirir valor por medio de la incidencia de los factores naturales sobre ellos. Cabe cuestionarse hasta qué punto los materiales industrializados empleados en la actualidad cumplen con dicho propósito.

Parece que la manera en la que el proceso de diseño y la construcción se llevan a cabo en nuestros días, es el reflejo de una arquitectura impersonal, estandarizada y automatizada. Con el paso de la globalización, la arquitectura ha dejado de reflejar el carácter propio del sitio y del contexto, buscando llamar la atención mediante el recurso del espectáculo. En la actualidad se apuesta a la intemporalidad por medio del contraste y el alarde formal. Ser diferente por ser diferente.

Desafortunadamente, gran parte de la arquitectura hoy en día está encaminada, cada vez más, hacia una tendencia formalista debido a la adopción de una filosofía hedonística que busca a toda costa enaltecer el nombre del arquitecto diseñador antes de resolver los retos del habitar y el permanecer.

Si el diseño no toma en consideración los valores de primer nivel en nuestra interacción humana y social y los refleja en su expresión formal, difícilmente podrá contribuirse a mejorar la calidad de nuestro entorno.

Suponiendo que la arquitectura es el reflejo del tiempo y el lugar en el que se sitúa, valdría la pena analizar qué es lo que ésta refleja en México y en países de la región latinoamericana.

¿Hasta qué punto se ha claudicado nuestra herencia cultual ante el desesperado intento de encajar dentro del panorama internacional? El sano sincretismo que caracterizó la arquitectura virreinal en nuestro país ha sido sublimado por la imposición estética con aspiraciones globalizantes. A mi parecer, no hemos logrado hallarnos dentro del cambio constante y veloz que la globalización impone sobre nosotros. Considerando nuestras limitantes tecnológicas con respecto a los países que dictan la línea de diseño a nivel internacional, se ha generado una arquitectura que no logra trascender. Se nos olvida que para lograr ser internacional, primero se debe de ser profundamente local.

Para finalizar, considero que las tendencias del libre mercado han llevado a la arquitectura a asumir una posición de anfitriona dentro de un contexto urbano irracional y complejo, empujándola a la vulgarización formal. De continuar las tendencias actuales, la profesión terminará promoviendo un monólogo sordo, ajeno a su contexto, irreverente e intrascendental.

Es necesario tomar consciencia y luchar por contrarrestar las tendencias actuales. Responsabilizarse y asumir la tarea de propagar nuestros valores, haciendo hincapié en nuestra herencia, para así lograr su revalorización con miras a un futuro prospectivo. Ésta es la meta que las nuevas generaciones de arquitectos deberán asumir, superando las barreras cortoplacistas autoimpuestas por el lugar y el tiempo en el que vivimos. 

Para ver el artículo original:

http://www.lahojadearena.com/revista/una-mirada-la-arquitectura/

Posted on August 7, 2014 in Artículos

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